CIUDADANOS Y EL EFECTO ARRIMADAS

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CIUDADANOS Y EL EFECTO ARRIMADAS

Si durante aquellos convulsos meses de 2010, cuando una compañera de trabajo la llevó, casi obligada, a un acto político de Ciudadanos en el Teatro Romea, alguien le hubiera dicho a Inés Arrimadas que en unos pocos años iba a pasar de ser una anónima consultora de una compañía de productos farmacéuticos y de nutrición, Delphi, a gran estrella del fulgurante firmamento de la nueva política española, la juiciosa y racional líder de esta formación en Cataluña le hubiera recomendado que dejara lo que estaba tomando, fuera quien fuera su interlocutor.

La vida, la de todos y cada uno de nosotros, pero también la de los líderes, es una extraña combinación entre ciertas dosis de suerte -que hacen que algunos estén en el sitio y en el momento adecuados, sin que valga llegar media hora antes o diez minutos tarde- la preparación necesaria y una enorme voluntad, adobada de la suficiente audacia, para trabajar incansablemente hasta alcanzar la meta ansiada.

Una vida ‘normal’: ni ‘pija’, ni rica… solo muy trabajadora

Arrimadas repite siempre que su vida discurre entre un triángulo que para ella es ‘mágico’ porque entre Salamanca, Jerez de la Frontera y Barcelona, se ha ido dejando jirones de piel y de vida. Nacida en el seno de una familia de clase media y trabajadora, su padre era un abogado más de cuantos se ganaban la vida en aquella capital castellana, desde la que tuvieron que emigrar a Cataluña para regresar luego a la localidad gaditana de Jerez. Gracias al sacrificio de su familia pudo estudiar Derecho y Administración de Empresas en Sevilla. Nada que ver, como se ve, con una burguesa o una ‘pija’ que si moran en cambio en otros partidos más… ‘de la tierra’.

Ya entonces no ocultaba sus simpatías por el Barça y por quien era el entrenador de moda, en España y en el mundo: Pep Guardiola, con cuyas pegatinas decoraban las adolescentes de la época sus carpetas. Apasionada de los idiomas, es perfectamente capaz de expresarse en castellano, catalán, inglés y francés. De hecho, sus primeras lecciones de catalán las recibió en Sevilla; cuando ya tenía claro que su vida inmediata estaría indisolublemente ligada a la Ciudad Condal.

Una oradora brillante, una política valiente… una líder apasionada

El resto de la historia es mejor conocida. Ciudadanos, un proyecto que ya había comenzado a despegar solo, pero que no era ni la sombra de lo que hoy día es, le ofrece -lo hace Albert Rivera personalmente- entrar en las listas al parlament de Catalunya. Consiguió un escaño porque iba en cuarto puesto y enseguida, sin comerlo ni beberlo, se encontró investida como portavoz tras las denuncias fiscales -que luego quedaron en nada- a Jordi Cañas y la asunción por parte de Carina Mejías de labores municipales. Enseguida, sus intervenciones valientes, su encendida oratoria, apasionada y vibrante, pero a la vez exenta de insultos y estridencias, algo raro en la actual política española, la hicieron célebre. Es esta precisamente en mi opinión una de sus principales fortalezas de liderazgo; he conocido pocas parlamentarias tan buenas como ella y sin duda enriquecerá el erial en el que ahora parece haberse convertido el Palacio de la Carrera de San Jerónimo, rico en insultos y ensordecedor griterío, pero vacío de contenido, salvando algunas excepciones.

Arrimadas posee una de las mejores cabezas políticas de España. Culta, preparada, organizada… germánica, si se me permite. Es ‘echada para adelante’, decidida hasta llegar a ver amenazada incluso su integridad física, al igual que muchos dirigentes y militantes de su partido. Pero no le importa. Lucha por sus ideas hasta el final. Y lo hace las 24 horas de día. Quienes la conocen y trabajan a diario con ella dicen que es incansable, que va al gimnasio muy tarde, por la noche, porque no tiene otro momento. Y que, con todo y con eso, es perfectamente capaz de armonizar su vida privada con su vida política. Sonada fue su boda con Xavier Cima, exdiputado de CiU. Una circunstancia que aprovecharon sus enemigos para criticar que uniera su vida a la de un independentista. Hoy, Cima trabaja en Madrid como abogado y es su mayor aliado.

Víctima del machismo, triunfadora entre cafres.

Aunque sin duda, la mayor dificultad que ha tenido la brava política de Ciudadanos ha sido la de ser mujer. Así, como suena. Muchos, desde fuera e incluso algunos desde dentro de su organización no han llevado nada bien su autoridad ni su liderazgo. Arrimadas lleva ya, tristemente, demasiados años soportando insultos machistas… de esos que suelen adornar a alguna ‘derechona’ rancia y nostálgica pero que a ella se le han dedicado desde bancadas independentistas que en algunos casos eran de signo político contrario. Insultos de jóvenes radicales cuando paseaba por la calle de la mano de su marido, comentarios soeces de tipos como un exconseller, Felip Puig, que preguntó si posaría desnuda en un cartel electoral, como hizo Rivera en sus inicios. Tan solo con ver la cara de aquel tipo, orondo y de pronunciada calvicie y aquel brillo que le adornaba en la mirada uno se lo explica todo. Aunque la peor fue aquella individua que deseó a Arrimadas que la violaran en grupo. No quiero ni recordar, por repugnancia, ni su nombre ni salpicar a la empresa en la que trabajaba, que bastante tuvo con ponerla en la calle de manera fulminante. Arrimadas nunca se ha amilanado.

Dos líderes y un destino

Arrimadas afronta ahora una nueva etapa en su vida política. Será número uno por Barcelona y con total probabilidad obtendrá escaño en la carrera de San Jerónimo al lado de su líder y mentor, Albert Rivera. Este sabe que, al igual que en la reciente campaña andaluza, el órdago independentista catalán será el asunto medular de cara al 28-A. Por eso entre otras decenas de razones, le ha pedido que dé el salto a la escena nacional. Que pierdan toda esperanza quienes van ya intoxicando algunos cenáculos madrileños augurando la caída del líder y el ascenso final de Arrimadas al Olimpo. Inés es buena, sí, mucho. Ya he desgranado sus cualidades de liderazgo. Pero Rivera también lo es. Y son tan complementarios que la propia aludida dejó muy claro un mensaje el pasado sábado 23 en la madrileña Plaza de La Villa: ‘Me voy a dejar la piel para que Albert Rivera sea el próximo presidente del Gobierno’. Por si alguien tenía dudas. 

La entrada de Arrimadas en la campaña electoral del 28 de abril asusta en igual medidas al Partido Popular y a VOX, a la vez es un mensaje muy claro al PSOE. Nadie duda que es un golpe de efecto que se hará notar y mucho en los resultados de estas elecciones trascendentales.

EUPREPIO PADULA

Presidente de Padula&Partners. Experto en liderazgo político y empresarial. Colaborador de diferentes medios de comunicación.

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