CATALUÑA: ÚLTIMO ATAQUE DEL ISLAMOFASCISMO

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CATALUÑA: ÚLTIMO ATAQUE DEL ISLAMOFASCISMO

Las últimas masacres perpetradas por terroristas fundamentalistas islámicos, en Barcelona y en Cambrils, ponen una vez más sobre la mesa el debate sobre cómo definir la barbarie de unos criminales que han vuelto a enseñar su cara más sangrienta y miserable en nuestras calles, asesinando indiscriminadamente a ciudadanos del mundo libre.

 

¿Se trata de una guerra o no?
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La respuesta, espero que a estas alturas no exista ya duda alguna, es que SÍ. AUNQUE NOS DE MIEDO, RABIA, CÓLERA… AUNQUE NOS ASUSTE ADMITIRLO: SÍ, ESTAMOS INMERSOS EN UNA GUERRA REAL. Una guerra que no podremos ganar solo con minutos de silencio, con velas o… ¡con gatitos en las redes sociales! Tampoco limitándonos a gritar que no tenemos miedo y conformándonos con alzar la bandera de la libertad y de la democracia frente a quien odia nuestra cosmovisión, basada en un código de valores en el que, la religión y el Estado, el César y Dios -sea cual sea el de cada quien, incluso si no cree en ninguno- están perfectamente separados. Una guerra, en suma, que perderemos con toda seguridad si nos empecinamos en divisiones, cuando no enfrentamientos estériles e inútiles, entre nosotros. Sonroja el tener que recordarlo, pero no está de más hacerlo: LOS ÚNICOS CULPABLES DEL TERRORISMO SON LOS TERRORISTAS. LOS ÚNICOS RESPONSABLES DE LAS MASACRES SON LOS CRIMINALES. Valga esto último para extremistas – o amigos de las “soluciones fáciles” – de uno u otro signo político.

 

Queramos o no admitirlo, la historia más reciente nos enseña que los ataques terroristas islamofascistas contra las democracias liberales y occidentales no se remontan a los últimos diez minutos, sino que nos remiten, al menos, a la caída del Shah de Persia, Reza Pahlevi, y la subsiguiente ascensión al poder del ayatolá Jomeini, en 1979. Encontramos más semillas del diablo apenas diez años después, con la “traición” de los talibanes afganos, dirigidos por Osama Bin Laden, a sus mentores norteamericanos en 1989. Alcanzó su punto más dramático con el atentado de Al Qaeda contra las Torres Gemelas de Nueva York, en el que perdieron la vida más de tres mil civiles el 11 de septiembre de 2001.

En los últimos años, el autodenominado EI, Estado Islámico, ISIS, o, como a él se refieren despectivamente sus propios enemigos árabes chiíes y la mayoría de potencias internacionales para no reconocerlo como Estado sino como lo que es, el grupo terrorista DAESH, ha irrumpido brutalmente en la escena internacional, conquistando enormes territorios y creando las bases para perpetrar atentados cada vez más frecuentes en las calles de las grandes urbes del corazón de Europa, con un denominado terrorismo “low-cost” que usa vehículos, armas blancas y todo lo que puede procurarles el mayor número de víctimas mortales sin necesidad de una compleja y costosa estructura. Por ello, no debe sorprender a nadie que hablemos de:

 

“Islamofascismo”: un fenómeno que no es de hoy
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El terrorismo fundamentalista islámico es transversal, poliédrico y asimétrico. Cuando hablamos de su intención de, socavar primero y extinguir después, nuestras democracias a base de masacrar a sus habitantes, hablamos de todos sin diferencia de sigla, nombre, origen.

TODOS los grupos terroristas tienen un mismo y único objetivo: el de aniquilar nuestra LIBERTAD. SON FASCISTAS.

NO es verdad que al admitir que es una guerra, como ya hemos explicado, hagamos el juego a los terroristas. Se trata únicamente de buscar soluciones desde la objetividad, sin miedo a llamar las cosas por su nombre, no parapetándonos detrás de la crisis emocional del momento. Las lágrimas que estamos derramando estos días no pueden, por ejemplo, hacernos olvidar que el ISIS es fruto de la financiación americana como la misma Hillary Clinton admitió en plena campaña electoral. Occidente es reo de haber financiado guerras terribles en Oriente Medio, guerras instrumentalizadas y con objetivos económicos, a la sombra del petróleo. NO SOMOS INOCENTES, tenemos una parte de responsabilidad.

El islamofascismo, esta rama contemporánea del fundamentalismo islámico, se originó hace muchos años, en 1928, con la creación de la más duradera de las organizaciones islamofascistas: la Hermandad Musulmana. Coincidía pues en el tiempo con el fascismo de Benito Mussolini y el nazismo de Adolf Hitler, hermanados por los mismos valores xenófobos, nacionalistas, antisemitas. Pocos saben que en esos años fueron aliados directos, desde sus orígenes hasta su hundimiento en 1945. Sin embargo, el fundamentalismo islámico, nunca sufrió la derrota definitiva que sí se infligió a fascistas y nazis alemanes, italianos, japoneses y también a sus aliados. Nunca se le otorgó una importancia capital en los delicados equilibrios geopolíticos de poder; por lo tanto, en teoría no hacía falta eliminar el problema porque… ¡supuestamente NO eran un problema! ¡COMO NOS HEMOS EQUIVOCADO! ¿VERDAD?

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¿Que hay detrás de tanto odio? ¿Porqué quieren devastar nuestra sociedad?

No existen motivos históricos de venganza contra las democracias occidentales a consecuencia del colonialismo de siglos pretéritos; la mera existencia de libertades públicas es lo que detesta el fundamentalismo islámico. Es de vital importancia comprender que los actuales ataques contra civiles no tienen relación con hechos históricos, sino con la directa negación de su derecho a ser ciudadanos libres, por parte de asesinos fundamentalistas islámicos. Hasta que no comprendamos y aceptamos esta realidad, que los islamofascistas expresan con total libertad y transparencia, no podremos defendernos. Hasta que no nos quitemos de los ojos la venda que la mayoría de políticos occidentales pretenden imponernos -ellos son los primeros en llevarla- no podremos encontrar una solución definitiva.

La guerra con el islamofascismo comenzó por tanto hace muchos años, pero nos comportamos, salvando TODAS las distancias, como Stalin en junio de 1941, cuando no podía creer que Hitler lo había atacado. El jerarca comunista soviético, nunca se tomó en serio la amenaza alemana porque nunca hubiera imaginado que aquel loco de ridículo y minúsculo bigote osaría atacar a la todopoderosa patria rusa. En nuestra ingenua suficiencia occidental e, insisto, salvando TODAS las distancias, nosotros tampoco salimos de nuestra incredulidad viendo en qué forma, día tras día, se suceden terribles atentados en los escenarios más cotidianos de nuestra vida, resignándonos a que, un día u otro, nos pueda pasar a cualquiera.

 

 

 

Las Ramblas es uno de los paseos más bonitos y conocidos en todo el mundo. Pero en ella no había bolardos para proteger sus peatones… como no los hay en muchas calles peatonales de Europa. Paradójicamente, hoy Putin comprende mucho mejor que Occidente la amenaza islamofascista. Es consciente de que Rusia, está siendo puesta en jaque por este islamofascismo, como lo fue Stalin por el nazismo setenta años atrás. Por esta razón no da ninguna facilidad a la entrada de musulmanes en su país. No permite que puedan construir mezquitas, circular con burka o no integrarse en la cultura local. Así se lo ha hecho saber a algún dignatario árabe que ha visitado su país en los últimos años. Si árabes o musulmanes, como cualquier extranjero de otra procedencia o devoción quiere vivir en Rusia debe conocer el idioma y también respetar las leyes rusas. ¿Parece simple, verdad? No solo en Rusia; en Holanda, a partir del próximo mes de enero, entrará en vigor un nuevo sistema en el que los inmigrantes no podrán ignorar por más tiempo los valores holandeses ni desobedecer las leyes del país. Y algo más importante: el gobierno dejará de financiar con fondos públicos esta integración; deberá corresponder a quienes aspiren a quedarse allí a vivir y trabajar.

 

¿Es esta la Tercera Guerra Mundial?
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Hay muchas semejanzas que se reflejan en el objetivo de los islamofascistas de conquistar el mundo y en la interpretación extremista del Corán que, supuestamente, conduce a la opresión de las mujeres, al exterminio de los homosexuales, a la conversión de los cristianos o, en general, a la eliminación de las libertades públicas y privadas. Similitudes claras con lo que pasó en el Tercer Reich.

Frente al nazi-fascismo, el paladín de la libertad fue Winston Churchill, quien pasó el relevo al presidente Roosevelt, que a su vez lo legó, en su lecho de muerte, al presidente Truman, encargado de poner el punto final a esta amenaza junto a sus aliados.

 

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Hoy en día no hay un Churchill, ni un Eisenhower. En Estados Unidos tienen a un presidente, Trump, que hace pocos días tuvo que enfrentarse, y lo hizo mal, a la tragedia de Charlottesville que acabó con la vida de Heather Heyer, tan solo una víctima más del repunte NEO nazi que experimentan los Estados Unidos. Trump tiene muy claro que no puede enfrentarse al electorado blanco y masculino, que es el que le ha conducido a La Casa Blanca. Por esta razón sus reacciones serán siempre muy tibias.
Por el otro lado, Putin se mueve de forma ambigua entre la amenaza terrorista y los intereses que defiende en Oriente Medio.

Mucho me temo, a la vez deseo, que Europa tome el mando y pueda liderar la lucha, la GUERRA, contra el desafío del Islamofascismo. Un desafío que no es religioso ni militar. Es político.

SI, ES UNA GUERRA, pero libertad y democracia ganarán

 

 

 

 

EUPREPIO PADULA

Presidente de Padula&Partners. Experto en liderazgo político y empresarial. Colaborador de diferentes medios de comunicación.

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