NUESTRO UNIVERSO EN CINCO EMOCIONES

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Nuestro universo en cinco emociones

En este viernes de finales de Julio con Madrid a 35 grados, lo más creativo que se me ha ocurrido para pasar la tarde es volver a ver la pelicula “Del Revés”, o mejor dicho “Inside Out” y me ha vuelto a dar un chute de sensaciones con las cuales podré aguantar mucho mejor las temperaturas de esta verano lleno de color, pero especialmente de mucho calor.

Riley es una niña feliz de 9 años que vive una niñez alegre y desenfadada junto con su familia en Minnesota. Su vida cambia radicalmente cuando tiene que trasladarse a San Francisco y adaptarse a un nuevo estilo de vida. Las cosas cambian de forma inmediata y de manera extraordinaria en su mundo interior, en su mente. La alegría, la tristeza, la ira, el miedo y el asco, las cinco emociones básicas se encuentran desplazadas y confundidas como ella por esta revolución inesperada. Es el comienzo de una aventura increíble. De repente, alejarse de sus amistades, de lo conocido y de los paisajes felices que la rodeaban se vuelve la oportunidad perfecta para emprender un viaje lleno de magia.

Me ha parecido genial representar las emociones con unos personajes en color que mandan en el cerebro de esta niña y que, como dueños de una consola, la dirigen y pelean para ganar las batallas de la vida, del día a día. Batallas diarias entre tristeza y alegría, asco y miedo y con la ira luchando contra todas.

Siempre me ha alucinado la capacidad extraordinaria de Pete Docter para crear mundos en color llenos de vida, sensibilidad y de grandes lecciones para niños y adultos, pero con esta película ha ido más allá, ha alcanzado probablemente el punto más alto de su ya prodigiosa carrera de guionista. En todas sus películas ha sabido jugar con nuestra mente, pero en “Del Revés” lo ha hecho con arte, magia en movimiento. Cada pensamiento, cada escondido detalle de sentimiento y de la consciencia humana se ilumina ante nuestros ojos y la película revela todo un micro-cosmos ilimitado, como ilimitadas son las capacidades de nuestra mente.

De repente, los recuerdos de Riley son esferas luminosas, su personalidad se manifiesta gracias a la actividad de islas temáticas, sus miedos primarios están encerrados en la prisión del subconsciente y los sueños se realizan como si nos encontráramos en un estudio cinematográfico, donde todos tienen que actuar mirando a cámara, porqué Riley, como todos nosotros, sueña despierta y hace de su vida un teatro lleno de emociones.

Docter demuestra ser un director de una sensibilidad fuera de lo común: la manera con la cual dosifica el ritmo y los tonos del film es prácticamente perfecta. Cada personaje entra en nuestro corazón, incluso el más marginal, y algunas secuencias, en pocos segundos, nos muestran un mundo, un universo de sentimientos, emociones y pasiones (la manera en la cual se “acaricia” el delicado tema de la depresión, en un puñado de fotogramas, es casi poético).

Pero el significado profundo de esta película es tan simple como potente, y es probablemente la verdadera fuerza del film. Más allá de las intuiciones geniales y de la comicidad irresistible está una niña asustada, que para dar fuerza a sus padres elige sonreír y salir adelante aún cuando el mundo se desmorona bajo sus pies. A veces, para seguir adelante tenemos que enfrentarnos a nuestra tristeza, necesitamos enseñar sin vergüenza nuestra fragilidad, nuestros miedos y debilidades y compartirlas con los demás, especialmente con las personas que nos quieren. Qué sencillo y complicado, ¿verdad? En una sociedad como la nuestra que nos pide ser fuertes siempre, en la cual se admira solo al superhombre o la supermujer, de repente una niña nos enseña que en la vida hay que convertir las debilidades en fortalezas y transformar positivamente los momentos de mayor dolor o tristeza.

Esto es crecer, hacerse mayores. Riley nos enseña a convivir con nuestros sentimientos y con los de las personas que queremos. Alegría, Miedo, Asco, Tristeza e Ira nos acompañarán toda la vida, junto a todos nuestros recuerdos, los buenos y los malos. Algunos los olvidaremos, otros los guardaremos dentro y enriquecerán nuestra personalidad, otros nos harán sufrir y llorar. Una de las claves de la felicidad es aprender a querernos tal como somos; con nuestros defectos y virtudes pero, especialmente, sacando y aprendiendo una lección de cada situación.

Lo que más me ha gustado de esta película es el hecho de que nos habla de cosas que conocemos ya, pero gracias a esta niña y todos esos personajes llenos de colores y vida por un momento me ha dado la impresión de descubrir todo por primera vez, como si de repente una mezcla de caricias y bofetadas hubiera cambiado algo en mi manera de sentir. Estos personajes nos acercan a la amistad con una panda desenfadada de juguetes y con monstruos que montan follones, simpáticos y torpes. Nos enseñan el amor con los circuitos de un pequeño robot que no quiere quedarse solo en el mundo y de un viejo dispuesto a todo para alcanzar el sueño de su vida. Todos ellos nos enseñan a ser felices, incluso cuando las cosas en la vida no salen como esperamos.

Amigas y amigos , probablemente este post os pille ya en la playa, en la montaña o en cualquier lugar de veraneo, ojalá os sirvan mis palabras y las sensaciones que he vivido con Riley para que vuestro verano sea todavía más feliz y podáis disfrutar con plenitud de todas las emociones.

EUPREPIO PADULA

Presidente de Padula&Partners. Experto en liderazgo político y empresarial. Colaborador de diferentes medios de comunicación.

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