CARPE DIEM! Disfruta del momento

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Afrontando los miedos:

 He de confesar que nunca antes, y llevo ya más de dos décadas en ello, había tenido una sesión de coaching como la del pasado viernes. La triste mirada de una mujer de mediana edad, con lágrimas en los ojos y encarcelada en su pasado, me puso frente a un nuevo reto: conseguir hacer transitar a María, ese era su nombre, desde las lágrimas hasta la serenidad.

María es la brillante directora médica de un importante laboratorio farmacéutico. Cuenta con una carrera, aparentemente, repleta de éxitos y una vida no menos colmada de satisfacciones. Ambas facetas, la personal y la profesional, parecerían más que suficientes para que nuestra protagonista de hoy pudiera ser feliz, si no fuera por… ¡vaya! Un ‘pequeño-gran’ problema: Eva es incapaz de disfrutar de las cosas. Rehén de su sentido de responsabilidad, de sus sentidos de culpa y ‘taras’ emocionales heredadas por sus padres.

¿Qué hay que hacer ante esto? Lo que sigue es tan solo una pequeña parte de mi primera sesión con ella:

Párate un poco… obsérvate: respiras, preparas un café, estás escribiendo o leyendo un libro, una revista, ‘zapeando’ en la tele… son pequeñas acciones de la vida cotidiana a las que no damos ninguna importancia. Las efectuamos porque pensamos que son tan solo actos insignificantes para alcanzar nuestro pequeño -o gran- objetivo de hoy, de mañana, de nuestra vida… vivimos para llegar a conseguir algo que, en realidad, no existe. Sí, he dicho bien: el ‘mañana’ NO existe, y cuando llegue, incluso en ese momento, no nos dignaremos a echarle un vistazo o a disfrutar, siquiera un minuto, con la satisfacción de haber alcanzado esa meta que nos ha costado tanto esfuerzo conseguir o a la que hemos dedicado con tanta intensidad buena parte de nuestros pensamientos.

Cuando conseguimos ese ansiado objetivo, a todos nos ha ocurrido, sin darnos cuenta, ya estamos proyectados automáticamente a otro lugar, hacia otras metas, rumbo a nuevos retos. En realidad, vivimos siempre en otro sitio que no existe. ¿Por qué no intentamos pensar en el aquí y en el ahora? ¡Todo está aquí! ¡Todo lo tenemos frente a nosotros y lo único que tenemos que hacer es mirarlo!

Cada momento, cada instante, cada segundo y cada acción son importantes en sí mismos. Todo se agota en el punto exacto en el que se acaba. Parece obvio, pero no lo es. Si lo fuera, María no estaría sentada frente a mí. Intenta sentir y gozar de la plenitud del momento que estás viviendo, que estás consumiendo… porque no se repetirá.CARPEDIEM3

Las exclusivas de hoy, papel de envolver para el mañana…

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Los periodistas conocen bien esa fatal dinámica vital: meses trabajando para conseguir una exclusiva, un ‘scoop’ que, como se dice en su jerga profesional, tan solo servirá para envolver el bocadillo del día siguiente, a pesar de que la víspera se hubiera convertido en la ‘exclusiva del año’. ¿Triste? No. ¿Efímero? Por supuesto. Pero la clave está en ser consciente de ello. Tanto tiempo de trabajo, de investigación que por fin culmina en el descubrimiento de un escándalo político o financiero. Disfrútenlo, dicen siempre los directores veteranos a sus gacetilleros, al menos unas horas. Es su recompensa. Mañana ya, vendrán otros retos, nuevas pruebas… pero sepan que su esfuerzo SÍ ha servido para algo. Aunque su caducidad sea inmediata.

No existen ninguna acción banal, todas son importantes. Cuando de verdad nos concentramos en cada cosa que hacemos, todos los momentos se llenan de luz, todo tiene sentido y, en cada instante, podemos encontrar alegría, plenitud, un momento de felicidad.

Gurdjieff nos lo cuenta con estas palabras:

“Una mirada libre, una mirada que ve. Sin esta mirada para mí y que me ve, mi vida es la vida de un ciego que va ahí donde le empuja el impulso sin saber ni cómo ni por qué. Sin esta mirada reclinada encima de mí no puedo saber que existo. Sin esta mirada estoy condenado al automatismo y a la ley del accidente, de la casualidad. Esta mirada da sentido a mi vida y al mismo tiempo me hace libre. En los mejores momentos de concentración llego a un estado en el cual puedo conocerme mejor, sentir el beneficio de esa mirada que baja dentro de mí, que me abraza fuerte. Me siento debajo de una luz fuerte, bajo una espléndida mirada.”

No necesitas buscar nada. Todo lo que necesitas lo tienes aquí. Es aquí, ahora, donde brilla y resplandece la vida. No estamos acostumbrados a pensar nunca en el tiempo que duran las cosas, como si todo lo que nos ocurre en la vida fuese perenne. Esta es la auténtica razón de que seamos infelices. No somos capaces de saborear cada uno de los buenos momentos que nos regala la vida creyendo, de forma un tanto absurda, que durará toda la vida. Pensamos que el significado de nuestra vida dependerá de lo que hagamos, digamos o construyamos, sin ver que la luz brilla en cada acción. De esta forma, nos convertimos al final en seres inútiles.

¡Transfórmate en pura mirada! Abre los ojos a todo.

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Para explorar nuestro espacio interior se necesita un gran valor: el de no cambiar las cosas que tenemos dentro del alma. A veces, sentimos llegar de repente malos pensamientos, sentimientos de culpa, rencores, recuerdos, nostalgias, remordimientos, envidia, celos, rabia, avaricia, codicia y casi siempre reaccionamos, luchamos contra ellos; queremos eliminarlos de nuestra alma.

Y no solo eso; tenemos siempre unas inmensas expectativas sobre nosotros, nos proponemos como meta convertirnos en aquel personaje que hemos idealizado y, de esta forma, siempre estamos actuando, mintiendo, siendo artificiales. Luchamos para ser aquel modelo que queremos imitar y nunca llegamos a gustarnos… nos juzgamos todos los días, condenándonos o perdonándonos.

La consecuencia de todo esto es que acabamos pensando que la vida no ha sido generosa con nosotros, y pasamos los días quejándonos, dándole vueltas a la cabeza para encontrar una justificación a nuestra mala suerte que no nos lleva a convertirnos en lo que en realidad queremos ser, ese modelo imaginario que nos hemos montado en la cabeza. ¿Y cómo se puede encontrar la paz? ¿Cómo se puede nadar, sumergirse en nuestro interior, en nuestra alma sin hacernos daño?

Lo que tenemos que hacer es ‘mirar’… nada más. Tenemos que empezar a contemplar las cosas que no nos gustan, a saber ver esos demonios de una forma completamente diferente. Aprender a recibirlos tal y como son. Reconocer que también los momentos negativos son parte de nosotros mismos, de nuestra imperfecta vida.

Los sabios nos han enseñado que tenemos que perder la personalidad que nos han enseñado y recuperar la que tenemos en lo profundo de nuestro ser, limpia y sin fisuras. Esa personalidad, que es producto de la sociedad en la que vivimos, de modelos educacionales y familiares, tiene que salir fuera de nosotros y dejar espacio a lo que somos y sentimos, recuperando los sueños que teníamos de niños.

Con los años he aprendido a molestar todos los días, cada vez más, a mi yo interior, a respetar todo lo que siento, incluso en los peores momentos, cuando mis sentimientos y emociones NO son positivos. Los respeto y me respeto. Guapo y feo, como soy en cada instante, respetando mis estados de ánimo.CARPEDIEM 2

Tras un poco de entrenamiento llegaras a estar contigo mismo, sin juzgarte, sin prejuicios… entonces llega la paz, llegan las palabras que no te esperas, pensamientos que nunca hubieras imaginado que albergabas dentro de ti. Solo en ese momento te vacías, te anulas y eres como una planta que comienza a crecer. De repente sale una flor y te das cuenta de que, arrinconando un poco tu historia, tu pasado, puedes llegar a disfrutar de forma plena tu presente, a quererte como eres, a gozar de cada acción y de cada momento de una forma plena.

María, nuestra protagonista de hoy, tiene aún por delante un largo camino hasta conseguir llegar a mirar dentro de sí de forma plena y sin cobardía. Pero lo conseguirá. Llorar sin desesperación fue la primera cosa que consiguió el viernes, abriendo los ojos, sin ocultar su dolor. ¡Mírate tu también!

EUPREPIO PADULA

Presidente de Padula&Partners. Experto en liderazgo político y empresarial. Colaborador de diferentes medios de comunicación.

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