PEDRO SÁNCHEZ II CANTA “LA INTERNACIONAL”

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PEDRO SÁNCHEZ II CANTA “LA INTERNACIONAL”

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Hoy Madrid ardía, no solo por los cuarenta grados que han incendiado el asfalto de la capital, sino también por el enorme calor, en este caso humano, y la increíble alegría con la que los ocho mil militantes y simpatizantes socialistas que han arropado a su nuevo secretario general, han recibido a Pedro Sánchez, con el estruendo de fondo de Gun’s and Roses y su “Sweet child of mine”:

-“Me recuerda a la memoria de la niñez,
donde todo
era tan fresco como el brillante cielo azul.
Entonces y ahora, cuando veo su rostro,
ella me lleva a ese
lugar especial.
Y si miro mucho tiempo
probablemente romperé a llorar…”

Objetivo, La Moncloa
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Ese lugar especial para el redivivo líder, del cual habla la canción, es probablemente La Moncloa. El particular Eldorado para un Pedro Sánchez pletórico, radiante, sonriente, consciente de haber protagonizado una hazaña increíble, conseguida contra viento y marea, a pesar del aparato del partido y del sistema, que ha sembrado de constantes minas su camino.

Pedro resucitó… al octavo mes, resucitó. Es cierto que quizás el del domingo no fue su mejor discurso, se los hemos escuchado mejores. Y también que no enardeció del todo a los casi ocho mil, eso dicen, militantes que llenaban el pabellón 3 de IFEMA. Pero fue eficaz, seguro y consistente. Y tuvo, su intervención, el valor de que puede suponer el punto de inflexión que la reciente y desgraciada historia del PSOE venía necesitando para volver a convertirse en la alternativa de Gobierno que había dejado de ser. De ahora en adelante, su obsesión por llegar a Moncloa, deberá dejar de ser eso, una obsesión, para convertirse en una meta. Tendrá que trabajarla a fondo, bien asesorado y conseguir proyectar éxito, esperanza y valentía. Los únicos, pero a la vez imprescindibles ingredientes, para volver a gobernar.

Un discurso de más a menos
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Sánchez arrancó fuerte. Tal vez no demasiado emotivo, pero sí eficaz. Arengó a sus huestes, ansiosas de recuperar un poco de aliento y algo más de ilusión, sobre sus objetivos a partir del “día después” de este 39 congreso: construir una mayoría parlamentaria alternativa a los seis años de gobierno del PP. La cuadratura del círculo, como se sabe, porque Pedro ya lo intentó en aquella fallida investidura de marzo de 2016 y fracasó. Conciliar a Podemos con Ciudadanos y a Ciudadanos con Podemos sigue siendo tan difícil hoy, o más incluso, que hace un año. Por ello, sabedor de que si quiere conseguir resultados diferentes tendrá que hacer cosas distintas, Sánchez ha prometido un trabajo parlamentario minucioso, semana tras semana, con unos y otros para ir desmontando – casi ley a ley- la arquitectura legislativa que han puesto en marcha Rajoy y los suyos desde 2012.

El primer foco, la reforma laboral. El reelegido secretario General ha prometido echarla abajo. Luego vendrá un revisionismo fiscal con el que, según ha dicho, conseguirá “que los que más tienen paguen más que hasta ahora y que los defraudadores empiecen a pagar parte de lo que deben”. Suena bien y, tal vez, fue la parte más aplaudida. Forzó eso sí un poco la máquina cuando habló de recortes y mezcló las “amnistías fiscales para los amigos del PP” con los pobres “que aún siguen en España rebuscando, cada día, comida en los contenedores de basuras”. ¡No pasa nada! Pedro, de ahora en adelante, tendrá que emocionar y luchar para que los más de cinco millones de votantes que abandonaron el partido del puño y la rosa y se echaron en los brazos de Iglesias regresen… para volver a engordar electoralmente un proyecto de izquierdas que pueda ser ganador.

El trecho entre ganar las primarias… y ganar las elecciones
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Y es que esas alusiones a los recortes y a la pobreza que aún persiste en algunas capas, entreverada con la denuncia del fraude fisca, era lo que la militancia quería oír. Pero una cosa es convencer a la militancia, en número de setenta mil y otra volver a redondear los nueve millones de votos que necesita. El trecho es abismal y a ello tendrá que entregarse con ahínco porque afuera, en la calle, los que no son socialistas e incluso algunos de los que han dejado de serlo, podrán aún recordarle – y ya han pasado suficientes años – que los españoles empezaron a buscar comida en los contenedores siendo Zapatero todavía presidente. La catástrofe de la crisis, esa NO, NO se le puede achacar solo al PP. Pedro lo sabe y, por eso, hizo varios guiños a esos cinco millones de votantes que le han abandonado. A los que llenaron la Puerta del Sol y gritaron “no nos representan”. Sánchez les dijo que en él y en este nuevo PSOE tienen una izquierda que sí les va a representar… o a intentar volver a hacerlo. Pero que esta izquierda va a seguir siendo a la vez una izquierda responsable. Lejos, quería decir, de ensoñaciones utópicas que sigan buscando alcanzar los cielos. Será un trabajo muy duro, pero es lo que hay. No se puede esperar que, tan solo gracias a un milagro, se recupere la confianza de quienes, año tras año, han visto en el PSOE a un partido más de la casta. De quienes han gritado desolados: “PSOE y PP la misma mierda es”.

Sin tregua contra la corrupción

La corrupción, del PP por supuesto, ocupó un espacio no desdeñable en la parte central del discurso del nuevo “César socialista”. No dejó títere con cabeza. Lo más suave que pudimos escucharle fue que “el PP corrompe todo lo que toca. Hasta la Constitución”. Y que su partido dirá basta “frente a esos patriotas que confunden patria con patrimonio”. No dejó de recordar que el próximo día 26, Mariano Rajoy se convertirá en el primer presidente del Gobierno en ejercicio que declarará ante los jueces del Tribunal Supremo. La corrupción será una de las claves de su mandado, no hay dudas, y seguro que continuará marcando la agenda futura de su trabajo parlamentario y de su estrategia política.

Confuso dibujo de su idea de la “España plurinacional”
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La última parte del discurso de Sánchez estuvo dedicada a Cataluña y fue, la más confusa, la más plana y también, la más aburrida. Confusa porque, tengo para mí, que sigue intentando contentar a todos y, de momento, va continuar sin conseguirlo. Sánchez no acaba de dibujar una idea clara -en opinión de mayoría de los analistas que desde la zona de prensa seguían el discurso- de cómo debe discutirse esa España plurinacional de la que habla. Su mayor aportación fue citar a uno de los padres de la Constitución: el llorado Gregorio Peces-Barba, que dejó escrito que “España es una nación de naciones con una única soberanía, la del conjunto del pueblo español”.

Solo obtuvimos una conclusión meridiana: que no es partidario del referéndum secesionista. Por algo se empieza.

El felipismo y su muerte definitiva
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Lo que Sánchez sí ha dejado claro es que se ha acabado la época de los barones y el espíritu de Felipe González ha quedado enterrado. Su mensaje a través del plasma del pasado sábado, dibujó el ocaso del prohombre a quien se encomendaron los líderes socialistas durante 20 años. Incluso Zapatero, que se distanció mucho de Felipe, hasta que se derrumbó por el efecto de la crisis. Ahora sí podemos decir que el Felipismo ha muerto. Quedará la historia de sus logros y su inmensa labora para modernizar y hacer grande a España. Pero no acompañará jamás a Pedro Sánchez en su aventura y en su camino hacia Moncloa.

La última versión del Felipismo se llamaba Susana Díaz. Y en la clausura, ha estado ausente en la primera fila. A la fallida faraona se la ha visto derrumbada a lo largo de todo el Congreso por la pérdida de un liderazgo perseguido durante casi tres años y que nunca llegó a alcanzar… y quizás ya nunca llegará. Susana vuelve a Andalucía donde le queda un durísimo trabajo para volver a triunfar y ser feliz.

Mientras, los incombustibles defensores de su candidatura, en primera fila, aplaudían a Pedro. Qué estarían pensando frente al nuevo secretario General mientras los nuevos miembros del Comité Federal cantaban la internacional, con sonrisa contagiosa y felicidad en su rostro.

¡Disfruta Pedro de este triunfo y desde mañana a trabajar!
.

EUPREPIO PADULA

Presidente de Padula&Partners. Experto en liderazgo político y empresarial. Colaborador de diferentes medios de comunicación.

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