DE HÉROES COTIDIANOS Y DE GOBIERNOS QUE NO LOS MERECEN… Y QUE NO NOS MERECEMOS

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Ser un héroe nunca fue tarea fácil. Si no, estaríamos rodeados de ellos aunque ,bien mirado, no estamos faltos si tenemos en cuenta las múltiples manifestaciones que a diario vemos a nuestro alrededor de altruismo, de generosidad, de desprendimiento hacia los demás… y de ayuda desinteresada, por parte de tantas gentes anónimas hacia otras, a quienes no conocen de nada, pero con las que se sienten vinculadas de alguna manera por los hilos invisibles del amor entre las personas.

No pertenezco a la cofradía de quienes piensan que el hombre es bueno por naturaleza y es la sociedad la que va corrompiéndole. Pero tampoco creo que seamos tan malos como a veces, negativamente, nos esforzamos en creer. Opino, simplemente, que la especie humana es capaz de lo mejor y de lo peor a un tiempo. Entonces, ¿de qué depende? ¿ de las circunstancias? ¿de meros incentivos, materiales o intangibles, pero al fin y al cabo de la espera de una contraprestación, del tipo que sea? Reconozco que a mis casi cincuenta años, aún no he podido saberlo. Y confieso que en este aspecto, para mí, el alma humana sigue siendo un misterio. Por ello solo puedo limitarme a ensalzar los ejemplos de las notables individualidades que, casi a diario, la actualidad nos trae. Y si en estos días debemos ensalzar y honrar a un HÉROE, ese es sin duda nuestro compatriota Ignacio Echeverria. Un hombre -que no hace tanto que dejo de ser aún un niño- en plena juventud, con toda una vida, seguro que fructífera y feliz por delante, pero que arriesgó -y con toda probabilidad perdió, a falta de confirmación oficial- para defender a una mujer, atacada por los terroristas. Sus únicas armas… ¡un monopatín! Y su valor claro. Un coraje que nos devuelve la confianza en el género humano y nos demuestra que la vida, aunque solo sea porque está poblada por seres tan maravillosos, sigue teniendo sentido.

Inhumana crueldad
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La historia de Echeverria se ve ensombrecida por la increíble actuación de la policía y del gobierno del Reino Unido. Que cuatro días después de los atentados aún hayan sido incapaces de identificar al joven es, sencillamente, inhumano. La calificación no es mía sino del ministro español de Asuntos Exteriores, Alfonso Dastis. El responsable de la diplomacia española ha calificado así el trato que están dando las autoridades británicas a los familiares del joven fallecido, que no salen de su asombro y de su indignación porque, a pesar de haber aportado muestras de ADN aún no han recibido respuesta, ni satisfactoria ni de la otra, a las lógicas demandas de identificación de su hijo y de la entrega de su cuerpo, único consuelo que queda ya a unos padres y hermanos rotos por el dolor. Cabe decir que no ha sido solo Echeverría. También ese camarero gallego que impidió la entrada a su local de los criminales o un chico inmigrante – sí amigos del ‘Brexit’, inmigrante- que consiguió derribar a uno de ellos… ¡a cestazos! Es cierto, para que nadie pueda llamarme la atención por detalle tan obvio, que la primera e inhumana crueldad es la de los terroristas. Evidente. Pero la actuación de quienes deben proteger a sus conciudadanos ha dejado, en este caso, mucho que desear.

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May, en almoneda
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El Gobierno de aquel país, y no solo la policía británica, deberá dar muchas explicaciones por estos hechos. May cae en picado en los últimos sondeos preelectorales mientras que Corbyn y los liberaldemócratas claman, y con razón, contra la pasividad de unos responsables de seguridad -Servicios de Inteligencia incluidos- que tenían larga y cumplida noticia de dos de los terroristas y no hicieron nada por evitar lo que parecía una tragedia anunciada. La oportunista ‘premier’ trata de cerrar vías de agua en las últimas horas anunciado ‘medidas extraordinarias’ para combatir el terrorismo. Típico recurso de gobernantes desesperados y a los que la opinión púbica pide cuentas… cuando ya es demasiado tarde y se han perdido vidas humanas. La ‘audaz’, por ser suave, declaración de May de que adoptará decisiones extremas, sin importarle si bordean o no la fina y delicada línea del respeto a los Derechos Humanos y a la libertad de sus perplejos ciudadanos, no hace más que poner en almoneda su errática gestión desde que llegó al poder, casi por accidente, por la torpeza supina de David Cameron. Tal vez le quede muy poco tiempo. O tal vez no. Estamos a unas horas de saberlo.

                                                            EURICO CAMPANO

 

 

EUPREPIO PADULA

Presidente de Padula&Partners. Experto en liderazgo político y empresarial. Colaborador de diferentes medios de comunicación.

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