PORTUGAL, ¿POR QUÉ TE QUIERO TANTO?

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PORTUGAL, ¿POR QUÉ TE QUIERO TANTO?

EUPREPIO PADULA

Todos cuantos me conocéis, sabéis perfectamente lo mucho que me gustaba y apasionaba la canción que Italia presentó al festival de Eurovisión de este año. OCCIDENTALI’S KARMA, de Francesco Gabbani, es una gran canción. Más allá de su estribillo, del mono, de lo más bailable y comercial, subyace en ella una tremenda crítica a esa frivolidad ‘cool’ con la que los ‘occidentales’ vulgarizamos y profanamos todo aquello que de bueno nos viene de oriente, convirtiendo la espiritualidad, el yoga y todo lo demás en puro esnobismo a mayor gloria de nuestros espurios intereses comerciales. Pero Gabbani, anoche, no consiguió enganchar a los 200 millones de espectadores que siguieron el festival. ¡No les emocionó!

Quienes me conocen, saben también hasta qué punto vivo enamorado de Portugal y de su capital, LISBOA. Mi ciudad favorita. La más maravillosa del mundo. Mi esquina atlántica para descansar, pensar y soñar. Salvador Sobral, con ‘Amar pelos dois’, ha enamorado a Europa entera… y ha dado sentido al festival, devolviendo a la música lo que a menudo el puro espectáculo devora hasta anularla por completo. Gracias Salvador. Curiosamente ha sido, como ‘vía whatsapp’ me transmitió un buen amigo, ‘la única victoria de la izquierda en Europa’. Mi amigo dio en el clavo e hizo la mejor glosa de un país que está saliendo de la crisis gracias al gobierno de una coalición de izquierdas, dirigida por Antonio Costa y el Partido Socialista Portugués.

Sobral: el triunfo de un ‘outsider’

Salvador Sobral fue, en la noche del sábado 13 de mayo, el ‘antifestival’. Admitió que nunca antes lo había visto porque tampoco ve televisión. El y su música de jazz, interpretada en la mayor parte de las ocasiones en inglés y en español, están muy lejos de esas melodías ‘poperas’ de usar y tirar que suelen dominar en los fastuosos escenarios de este, ya veterano, festival.  “Vivimos en un mundo de música desechable, de música de fast-food. La música no son fuegos artificiales, es sentimiento”, declaró el triunfador de una noche inolvidable, dejando con boca abierta a los tres presentadores que, como clones bien peinados, nos acompañaron en esta ya clásica velada de música y show. Toda una bofetada para uno de los lemas del festival: ‘Celebramos la diversidad’. Para nada: eran todos igualitos… igualitos de  guapos y repeinados.

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La historia de este artista que ha publicado solo un disco en 2016 es triste pero luminosa como su ciudad, Lisboa. Su hermana Luisa le inscribió y casi le ‘obligó’ a estar en el concurso, haciéndonos por cierto, de esta forma, un gran regalo a todos visto que fue ella a componer la canción ganadora. Un regalazo especialmente para quienes seguimos creyendo en la música. A quienes como yo, llevamos años diciendo que es absurdo que los diferentes países presenten canciones en inglés. El idioma propio es una de las grandes riquezas de un país y es horrible prostituirlo tan solo a cambio de tres o cuatro minutos de gloria en un escenario. Salvador, Francesco, Alma, los tres representantes de Portugal, Italia y Francia -amén de sus respectivas televisiones- han tenido el valor de llevar a Eurovisión sus respectivas lenguas. Y ya solo por ello, para mí, han triunfado… por encima de los puntos acumulados.
Portugal es esto, nuestro ‘vecino de al lado’, pero también un país orgulloso de su historia y de su fado, de su saudade y su mar, de su cielo y su bandera, de su idioma… y de su vida. Salvador ha triunfado porqué se representa a sí mismo, a su música y a la música universal. Representa el alma y la historia de todo un país, de todo un pueblo. Salvador anoche era Portugal. Manel, el representante de España… ¡no se representaba ni a si mismo!

Salvador ha ganado porque no se ha avergonzado de sus debilidades, de sus sentimientos, de su amor por la buena música.

Salvador ha triunfado porque ha sido honesto consigo mismo.

Y porque ha sido la voz de Portugal y de Europa. Su salud, frágil, no le ha restado, ha añadido emoción y sensibilidad a una actuación sin excesivos accesorios, sin baile y sin grandes movimientos: tan solo él, su enorme traje, sus manos, sus ojos tristes, su melena que se movía asimétricamente al son de un cuerpo cruelmente castigado por la enfermedad.

‘Amar pelos dois’… suena a clásico, a pequeños clubes, nos evoca a Caetano Veloso, a bossa nova, a Chet Baker, y a mí también a Marisa Monte y su ‘Infinito Particular’, por lo desgarrador que resulta el amor contado con tan maravillosa simplicidad.   Salvador, en las entrevistas previas, dejó dicho sin pelos en la lengua que la única canción que le había gustado era la de Francesco Gabbani, por el significado de la canción y por su ritmo universal. Y llevó una camiseta con el lema: ‘SOS REFUGEES’, demostrando que cualquier momento es bueno para reivindicar aquellas causas en las que creemos.

Salvador fue la cara maravillosa de una noche que vio naufragar a Manel Navarro. Su canción, su imperdonable gallo, su uso aproximativo de un idioma que no es el suyo y el esperpento que supuso tener un representante de España al que, en definitiva, nadie quería y que había perdido ya cuando fue elegido en medio de un tremendo escándalo y sospechas de tongo.

¡Viva Portugal!, ¡viva la buena música!… y viva siempre el orgullo de representar a un país con tu propio idioma, con tus idiosincrasias, con tu sensibilidad y con toda la honestidad que, en definitiva, es lo único que la vida nos demanda.

Nada más… pero tampoco menos.

EUPREPIO PADULA

EUPREPIO PADULA

Presidente de Padula&Partners. Experto en liderazgo político y empresarial. Colaborador de diferentes medios de comunicación.

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